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MEDIO
AMBIENTE URBANO: Una mirada desde la historia de las ideas científicas
y las profesiones de la ciudad. Buenos Aires 1850-1915
Verónica
Paiva
Resumen
Desde
la década de 1960 en adelante, el medio ambiente se ha convertido
en un tema prioritario en el nivel mundial. En lo que a estudios históricos
se refiere la mayor parte de las investigaciones sobre historia ambiental
han sido producidas desde la perspectiva ecológica, es decir
de una mirada que toma conceptos actuales del debate ambiental (relación
sociedad-naturaleza, entropía, etc) investigando en qué
medida las sociedades históricas han sido más o menos
cuidadosas del ambiente. En este artículo mi interés
es abordar la temática del medio urbano porteño entre
1850 y 1915 desde otra perspectiva que considero que puede enriquecer
el cuerpo actual de conocimientos sobre historia ambiental, profundizando
especialmente sobre las concepciones científicas que por aquel
entonces, guiaron la práctica profesional en materia de medio
urbano.
Ponencia
presentada a la Conferencia Internacional La Cultura Arquitectónica
hacia 1900. Revalorización Crítica y Preservación
Patrimonial. Icomos Argentina - Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
- Universidad "Torcuato Di Tella". Buenos Aires, 31 de agosto
al 3 de septiembre de 1999.
Introducción
En
este artículo abordo la temática del medio ambiente urbano
en Buenos Aires entre 1850 y 1915, desde las siguientes dimensiones
de análisis:
a.
las profesiones que estudiaron y tutelaron el entorno urbano porteño
en dicho período,
b.
los problemas que signaron como prioritarios en distintos escenarios,
c.
las teorías científicas y concepciones disciplinares
que guiaron las prácticas sugeridas para la ciudad,
d.
los términos utilizados a través del tiempo para denominar
aquello que hoy llamamos medio ambiente urbano, señalando especialmente,
la emergencia de palabras como medio, ambiente o medio ambiente
en los textos relativos al campo urbano.
¿Por
qué encarar la temática del medio ambiente urbano desde
esta perspectiva de análisis?. Porque mayoritariamente, la bibliografía
sobre historia ambiental e historia del ambiente producida en los últimos
treinta y cinco años ha abordado la problemática desde
la perspectiva ecológica y ecologista. Es decir, desde una mirada
que toma categorías actuales del debate ambiental, investigando
en cuanto los diferentes estilos de desarrollo de las sociedades históricamente
consideradas, contribuyeron a forjar manejos más o menos cuidadosos
del ambiente a lo largo de la historia.
A
mi criterio, este tipo de "historia ecológica" resulta
útil para responder a preocupaciones "actuales" del
investigador ecologista, tales como evaluar la sostenibilidad del ambiente
a lo largo del tiempo, pero en ocasiones cae en extrapolaciones conceptuales
y en anacronismos al designar como "ecológicas" a medidas
de ordenamiento urbano que fueron ideadas y puestas en práctica
desde concepciones científicas y objetivos de intervención
muy diferentes a los actuales, y muy lejanos a lo que hoy se entiende
por "problemática ambiental".
Desde
este lugar, mi hipótesis es que si bien la preocupación
de las profesiones por la calidad del entorno urbano existió
desde antaño en los profesionales de la ciudad, lo cierto es
que los "problemas", las "ópticas científicas
y disciplinares" y los "objetivos de intervención"
que guiaron la práctica profesional por aquel entonces eran radicalmente
diferentes a las actuales, y que resulta necesario rescatar la problemática
desde su respectiva dimensión histórico temporal
De
acuerdo con lo dicho, el objetivo del presente artículo es dar
cuenta de las primeras profesiones que estudiaron los problemas del
entorno urbano porteño entre 1850 y 1915, de las ideas científicas
que guiaban la intervención profesional por aquel entonces, de
los términos con que los profesionales "denominaron"
aquello que hoy llamados medio ambiente cuando aún no existía
como palabra consagrada, y en la misma línea, indicar la emergencia
de la terminología "medioambiental" urbana en los textos
ligados a la ciudad.
Desde
este presupuesto de partida, y utilizando como eje de referencia la
institucionalización de las distintas disciplinas que paulatinamente
se ocuparon de la ciudad, es posible señalar dos grandes escenarios
en los cuales diferentes profesiones se hicieron cargo de la problemática
del entorno urbano porteño entre 1850 y 1915:
(a)
una primera etapa –1850 -1890 - en donde la química y la higiene
pública constituyeron la voz autorizada en materia de ciudad,
y
(b)
un segundo período -1890 - 1915 - en donde la higiene pública
cede paso a la higiene social, al tiempo que va conformándose
la ingeniería sanitaria, rama técnica que paulatinamente
tomó en su seno las competencias que tradicionalmente habían
sido abordadas por la higiene pública.
En
este último es cuando lentamente se va institucionalizando un
nuevo dominio de intervención: "el medio urbano".
Ahora
bien, a continuación trataré de sintetizar los problemas,
las concepciones científicas y las nociones claves utilizadas
en materia de ambiente en cada uno de los períodos citados.
1.
La química, la higiene pública y la salubridad de las
ciudades. Buenos Aires 1850-1890
En
Buenos Aires la química fue una de las primeras ciencias en conformarse,
debido a la presencia de profesionales extranjeros de prestigio tales
como Miguel Puíggari o Charles Murray. En 1854 se forma la Asociación
Farmacéutica y en 1858 comienza a aparecer la Revista Farmacéutica,
en donde se publican sucesivos artículos relacionados con problemáticas
de la ciudad, tales como los pozos artesianos, saladeros y mataderos
y otros temas referidos a la calidad del aire, el agua y sol. En cuanto
a los médicos, en 1854 se forma la Asociación Médica
Bonaerense y en 1864 comienza a editarse la Revista Médico
Quirúrgica, en donde aparecen gran cantidad de artículos
relacionados con la ciudad.
La
agenda de temas urbanos propuestos por estos profesionales abarcó
desde los problemas ligados al "emplazamiento original de la ciudad"
(localización geográfica, situación geológica,
clima, vientos), hasta la "organización material" de
la urbe, basada en principios higiénicos.
En
los aspectos edilicios: Ancho de las calles, altura máxima
de los edificios, relación entre altura y ancho, plazas y parques,
y árboles en las aceras públicas.
En
lo relativo a servicios de higiene e infraestuctura: Limpieza pública,
recolección y tratamiento de residuos, pavimentación,
abastecimiento de agua y desagüe cloacal.
Por
último, las localizaciones especiales para establecimientos
insalubres: como la ubicación extra urbana de sitios signados
como peligrosos o dañosos a la salud, básicamente los
saladeros y mataderos, industrias, hospitales y cementerios fueron otra
de sus preocupaciones.
La
agenda de propuestas de esta etapa, anclaba en un conjunto de creencias
epidemiológicas que hacían hincapié en las condiciones
del "entorno" y la aparición de enfermedad. Estas teorías
epidemiológicas, encuentran su génesis en la medicina
hipocrática, en tanto fue Hipócrates quien formuló
por primera vez la relación entre las condiciones climáticas,
cambios estacionales y la "tipicidad" de la enfermedad que presentaba
una región. Al decir de Urteaga, en "Naturaleza, Clima y Civilización",1
esta teoría epidemiológica, que ponía fuerte acento
en la influencia del "ambiente" sobre la salud y la Teorías de
los Climas (Siglo XVIII), que vinculaba las características físicas
y morales de los hombres a las particularidades climáticas de
los lugares que habitaban, constituyeron las primeras teorías
sobre el ambiente aparecidas históricamente.
A
partir del siglo XVIII, aquella antigua teoría "ambientalista"
sobre la enfermedad, reformula sus postulados con los conocimientos
de la química moderna, apareciendo formalmente con el nombre
de neohipocratismo. Para esta teoría, la enfermedad no tiene
aún origen microbiológico, sino que es asimilada a fermentaciones
de orden "químico" producida por gases deletéreos (mortíferos)
y sofocantes - no malsanos per se sino porque inhabilitan la
actuación de otros gases benéficos como el oxígeno
o el ozoe. Por la etapa, la materia orgánica en putrefacción:
detritus animales, basurales a cielo abierto, emanaciones de saladeros,
mataderos, fábricas, gases exhalados de letrinas no sometidas
a tratamiento, son señalados como la principal causa de producción
de gases mortíferos conductores de enfermedad. En esta época,
el aire, aún más que el agua, juega un rol esencial en
la salud humana en tanto se lo considera el principal vector de enfermedades
epidémicas. ¿En qué se relacionan estas teorías
sobre entorno y salud, con las propuestas urbanas?.
Siguiendo
a higienistas argentinos famosos como Eduardo Wilde o Guillermo Rawson
existen ciertos "modificadores externos" que favorecen o alteran
la salud poblacional. Algunos de estos modificadores son directamente
naturales y dependen del emplazamiento original de la ciudad, tales
como el clima o la humedad, y otros en cambio, están sujetos
a la "organización material" de la urbe. Cuestiones
como la calidad atmosférica, la temperatura ambiente, la mayor
o menor cantidad de asoleamiento, la pureza del agua, son factores que
inciden en la salud y que dependen exclusivamente del manejo que haga
de ellos a nivel urbano. Para los químicos y higienistas de este
período, la adecuada "organización material"
es la resultante del entrelazamiento específico entre ciertos
elementos naturales y los aspectos construidos (organización
material). Prácticas como la recolección diaria de residuos,
la pavimentación, la limpieza de letrinas, la distribución
de agua potable y el desagüe cloacal, la localización extraurbana
de cementerios, saladeros e industrias, aminoran la actuación
de los gases deletereos, mientras que el ancho adecuado de calles, la
relación entre altura y ancho de edificios, la creación
de parques y plazas, y la arboleda urbana, favorecen la producción
de gases benéficos, como el oxígeno o el ozoe.
Junto
a estas teorías de orden epidemiológico, otras dos propuestas,
resultan los elementos más significativos de las prácticas
urbanas de este período: una es de orden económico y se
vincula con los proyectos ligados a extraer beneficio económico
de ciertas excreciones urbanas, como la basura o el líquido cloacal,
y otro es de orden científico y está ligado al "principio
de circulación constante de la materia", postulado que aún
sigue vivo en ecología, y que ya aparece en los estudios de los
higienistas y químicos de la etapa.
En
cuanto a la faz económica, algunos ingenieros como Higgin, o
profesionales como Aberg y empresarios interesados en obtener rentabilidad
comercial, presentan sucesivos proyectos tendientes a fertilizar con
abono humano campos especialmente designados para sembrar. Ello resolvía
dos problemas de importancia: Uno sanitario, es decir, el destino final
de las basuras o el desecho cloacal sin perjuicios ulteriores para la
salud, y otro económico, en tanto se consideraba que tales "excreciones
urbanas" servían para fertilizar la tierra produciendo cosechas
altamente redituables en los mercados externos. Ligado a este criterio
sanitario-económico, un postulado de mayor envergadura subayacía
tras estas propuestas: "devolver a la tierra los principios fertilizantes
que reclama", es decir el principio de "circulación permanente
de la materia", estudiado por químicos extranjeros como
Théodore de Saussure, Liebig, Boussingault o Dumas y continuamente
referenciados en Buenos Aires por profesionales locales como Miguel
Puíggari, que fue junto a los ingenieros, naturalistas y empresarios
antes citados, uno de los propulsores de la "irrigación de terrenos
con fines agrícolas", que constituyó uno de los debates
paradigmáticos de este período.
A
mi criterio, estas medidas constituyeron el primer conjunto de intervenciones
destinadas a mejorar la calidad del entorno urbano porteño. Sin
embargo ellas no podrían ser calificadas como "ambientales" en
el sentido estricto que hoy le damos al concepto. Constituyen prácticas
de higiene urbana ideadas desde concepciones muy diferentes a los actuales
y con objetivos de salubridad y salud pública, también
muy distintos. Las terminologías utilizados por los higienistas
de la etapa 1850-1890 para "nominar" lo que hoy llamamos "medio ambiente"
fueron términos como "modificadores externos", "modificadores
higiénicos", "modificadores externos de la salud",
"circumfusa", "excreta", "ingesta",
"aplicata", "miasma", "salubridad", "higiene".
Por la etapa, términos como "medio o ambiente" están aún
relegados al lenguaje físico químico y aún no son
visualizables en los escritos referidos a la ciudad.
2.
Período 1890-1915. La higiene social y las nuevas nociones de
ambiente. La ingeniería sanitaria y su concepción de medio
urbano
Hacia
1890, aquella primera agenda de higiene pasará lentamente de
"pública a social". ¿Cómo se resignifica la
relación ambiente-ciudad, a partir de la emergencia del higienismo
social?.
Dos
cambios fundamentales marcan la entrada en escena de la higiene social.
Las transformaciones producidas por la revolución pasteuriana2
y la resignificación ideológica de las causas sociales
que originan la enfermedad. En este sentido, la higiene social retoma
el viejo cuerpo programático de la higiene pública: agua,
recolección de residuos, pavimentos (causas directas) pero agrega
otros ligados a las "causas indirectas": salarios, alojamiento,
condiciones de trabajo de los obreros.
Con
la "higiene social", viejos términos tradicionales
del lenguaje urbano sanitario, tales como condiciones de higiene, salubridad,
salubrificación, higiene pública, se reunen con nuevas
terminologías como "medio fabril", "temperatura
ambiente", "medio social", "medio ambiente",
"medio industrial", nuevos vocablos que se introducen con
la medicina social, junto con otros como "medio físico"
o "ambiente malsano".
Ellos
designan viejos y nuevos temas del higienismo: calidad del aire, agua
y sol, salubridad de la habitación, alojamiento popular, junto
a nuevas temáticas específicas de finales del XIX, como
higiene industrial, enfermedades profesionales, ruidos, automatismo,
surmenage muscular o nervioso, seguros contra la invalidez y
vejez, vivienda propia, y otro conjunto de expresiones que evocan nuevas
y antiguas problemáticas de la higiene poblacional. Hacia fin
de siglo, se institucionalizan los términos "medio",
"ambiente" y "medio ambiente", abarcando campos
temáticos que aluden a distintas dimensiones del ambiente: físico,
natural y construido.
El
"medio físico" abarca el estudio de los agentes naturales
como el aire, el agua, el sol y calidad del suelo que son estudiados
desde la perspectiva de las disciplinas tradicionales como la higiene
y la química, y las ciencias nacientes como la bacteriología.
El
medio construido pone el acento en la organización material del
espacio en pos del mejoramiento de la salud y la calidad de vida. De
acuerdo a los nuevos postulados de la microbiología y los nuevos
problemas de fin de siglo, las temáticas centrales de esta etapa
son: la "orientación" de las calles a fin de asegurar el asoleamiento
mínimo diario de las viviendas, el alojamiento obrero, materiales
higiénicos para la construcción de talleres industriales,
la evacuación de líquidos cloacales y residuos domésticos
tanto en el conventillo como en la industria, baños y duchas
para la higiene de los obreros, temperatura adecuada en el trabajo.
Todos problemas que encaró el higienismo social para mejorar
la calidad del "ambiente" en que transita su vida del obrero,
en la ciudad, en el trabajo o en la vivienda.
El
"medio social" aparece tras este vasto campo de temas que
no excluyen los infraestructurales, pero que se centran en la "calidad"
de vida: la fatiga, el surmenage, la sobrecarga muscular o nerviosa,
la dispersión que provoca el automatismo de ciertas tareas industriales,
que constituyen las enfermedades profesionales típicas del "medio
fabril". Junto con la tuberculosis, el alcoholismo o la prostitución,
fueron parte de los padecimientos tratados por el higienismo social
de fin de siglo que los vinculó al "ambiente malsano"
que rodeaba la vida del trabajador: el alojamiento antihigiénico,
la habitación hacinada, la carencia social y económica,
el trabajo insalubre.
Como
comenté anteriormente, con el higienismo social que emerge hacia
1890 se institucionalizan terminologías como "medio físico",
"medio fabril", "ambiente malsano" o "medio
ambiente". Ellas evocan diferentes dimensiones del ambiente que
abarcan lo físico natural, lo construido y el ambiente social.
Tres dimensiones detrás de las cuales se esconden tanto nuevas
como antiguas problemáticas, a la vez que nuevas perspectivas
científico ideológicas para abordarlas.
Paralelamente
a la emergencia del higienismo social, otra profesión ligada
al campo técnico se consolida lentamente y comienza a compartir
las incumbencias y preocupaciones relativas al medio urbano: la "ingeniería
sanitaria".
Tradicionalmente,
los problemas técnicos relativos al saneamiento e higiene de
la ciudad de Buenos Aires, fueron abordados por los ingenieros egresados
de las primeras ramas formalizadas en Argentina: la ingeniería
civil y la hidráulica. Los problemas centrales ligados a la calidad
del entorno urbano que ocuparon a estos profesionales fueron: medios
técnicos de abastecimiento de agua y desagüe cloacal, pavimentación:
tipo de materiales a utilizar según suelo, clima, humedad, tránsito,
etc, composición, tratamiento y disposición final de los
residuos urbanos, además de la reutilización comercial
de la basura, que constituye un debate central de los ingenieros
hacia fin de siglo.
Retomando
esta tradición disciplinar, hacia finales del siglo XIX, comienza
a consolidarse lentamente la ingeniería sanitaria. Dicha rama
técnica, fue conformándose lentamente al calor de varios
factores que se articulan en paralelo. Los conocimientos adquiridos
en la facultades, el contacto permanente con especialistas de otras
profesiones, la práctica en las oficinas del estado, los viajes
de estudio internacional, el trabajo dentro de las Comisiones de Salubridad
y el vínculo constante con ingenieros extranjeros, fortalecieron
y solidificaron el saber y la experiencia de los ingenieros locales.
Hacia fin de siglo, la presión de los Congresos Internacionales
- que reclaman la existencia de arquitectos e ingenieros sanitarios
- y la relevancia que toma el agua, el tratamiento de residuos y la
limpieza del subsuelo como elementos claves en la preservación
de la salud pública a partir de la revolución microbiológica,
serán factores esenciales en la consolidación de la técnica
sanitaria como rama independiente.
A
mi criterio, hacia 1915, la ingeniería sanitaria, cuyo campo
de incumbencia será: el estudio de los "grandes factores
salubres naturales: aire, luz, suelo, agua, captaje y distribución
de aguas potables, evacuación y tratamiento de residuos, saneamiento",
toma en su seno las competencias que tradicionalmente habían
sido abordadas por la higiene pública, estableciéndose
una división de funciones entre higienismo social y técnica
sanitaria, en las que al ingeniero le corresponde la puesta a punto
del "medio material".
Junto
con el nacimiento de la ingeniería sanitaria se institucionalizan
una serie de terminologías que aparecen constantemente en los
escritos de los ingenieros sanitarios: "medio material", "medio
artificial", "medio urbano". Ellos aluden a conceptos
que aún siguen vigentes en la planificación urbano ambiental
y también a términos que aún continúan utilizándose.
¿No se considera "medio artificial", al soporte tecnosférico
edificado sobre un soporte natural?, ¿no es acaso el "medio material"
la adaptación del hábitat construido a las necesidades
de uso del "medio humano" ?, ¿no es este acondicionamiento,
en definitiva, el "medio urbano"?
Lo
que quiero poner de manifiesto, es que hacia principios del siglo XX
– y particularmente con la institucionalización de la ingeniería
sanitaria - emergen terminologías y significados que están
en las base de muchos de los actuales conceptos de la planificación
urbano ambiental, aunque los "objetivos" que guían la práctica
en una y otra etapa, son radicalmente diferentes, tal como se verá
a continuación.
3.
Resumiendo:
Entre
1850 y 1915 se institucionaliza lentamente un concepto: "el medio
ambiente urbano". A mi criterio, su emergencia como nuevo objeto
de problema, resume la historia de las disciplinas que sucesivamente
se ocuparon del tema, las teorías usadas para encauzar la problemática
en diferentes escenarios, la renovación de las teorías
y la transferencia de conceptos entre las disciplinas, y un cuerpo de
problemas alrededor de los cuales entre 1850 y 1915, fue paulatinamente
consolidándose un nuevo dominio de intervención: "el
medio ambiente urbano".
¿Pueden
considerarse aquellas concepciones y prácticas sugeridas respecto
al medio urbano similares a las actualmente sostenidas desde la ecología?
A
mi parecer, varias de las nociones que ya aparecen entre el XIX y XX
- esencialmente con la emergencia de la ingeniería sanitaria
- constituyen el antecedente directo de muchos conceptos actuales del
campo ambiental, aunque lo cierto es que algunos criterios separan ampliamente
aquellas concepciones y prácticas, de las actuales. Esencialmente
el siguiente: en los albores del XX, el ambiente es definido "en
pos de la salud pública": el sanitarismo, la preservación
de la enfermedad, el acondicionamiento del hábitat construido
en pos del confort humano, son los objetivos que guían la práctica
de los profesionales de la ciudad.
Desde
la década de 1970 en adelante, con la caída del ideal
de progreso indefinido y el escepticismo en la "técnica" como
instrumento superador de los obstáculos al desarrollo el "medio"
y la "sostenibilidad del ambiente" pasan a ser los protagonistas. Cambio
fundamental de perspectiva, objetivos y "objeto" de estudio, que sostenido
en tradiciones y prácticas disciplinares anteriores se reformula
para abordar nuevas problemáticas inexistentes hacia comienzos
de siglo.
REFERENCIAS
Notas
URTEAGA,
Luis; "Naturaleza, Clima y Civilización. Ideas Medioambientales
en el siglo XVIII" en Historia de la Ciencia y de la Técnica
N°27, Madrid, Akal, 1997.
La
teoría microbiana de las enfermedades se construye entre 1865
y 1885 a través de distintas investigaciones con las cuales Pasteur
se fue acercando a su objetivo final, es decir, la demostración
de que la enfermedad está ligada a la existencia de gérmenes
patógenos "específicos" que la provocan y no
a miasmas existentes en cualquier elemento antihigiénico. Con
estas investigaciones se revoluciona totalmente la antigua teoría
sobre el origen de las enfermedades en tanto lo que comienza a investigarse
es el germen "concreto" que provoca una enfermedad y la vacuna
que lo combate, al tiempo que se renuevan absolutamente las medidas
de profilaxia a partir de los nuevos conocimientos científicos
Referencias
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Horacio; "El Origen Interdisciplinario de los estudios urbanos" en Seminario
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Eduardo; 1878.Curso de Higiene Pública, Buenos Aires,
Imprenta y Librería Mayo
subir
Sitio desarrollado
por SISIB
- Universidad de Chile