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ESPACIOS PÚBLICOS INTEGRADOS
Y ACCESIBILIDAD COMO OBJETIVO CÍVICO
María Isabel Pavez R. (*)
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Resumen
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Una reflexión
que considere los conceptos esenciales de la ciudad occidental,
sin soslayar las mutaciones de la ciudad de fines del siglo
XX, debería plantear una diversificación e integración mayor
de los espacios públicos, y la accesibilidad a ellos como un
"objetivo cívico". En el marco de una aproximación
ecológica a los asentamientos humanos, interesan las maneras
según las cuales el ciudadano entra en contacto con sus semejantes
y con su entorno en sentido amplio: físico y sensible, pero
también social, económico, cultural. Esto supone asumir las
modalidades efectivas de la habitación, las que no se reducen
a la "casa" o al "apartamento", sino que
significan también habitar un vecindario, un barrio, una ciudad,
una región, un país, una cultura, una naturaleza. Y, las modalidades
efectivas de la sociabilización, las que no se reducen a una
pertenencia comunitaria o laboral, sino que incluyen co-presencias
y encuentros imprevistos en ese amplio territorio.
(Expuesto y resumen
publicado, en: V Jornadas Chilenas de Preservacion Arquitectónica
y Urbana, Tercer Encuentro de Especialistas Americanos, Facultad
de Arquitectura - Universidad de Valparaíso, octubre de 1995.
Publicado in extenso en: Boletín INVI, N°28, agosto de 1996,
F.A.U. de la U. Chile, pp.54-66, ilustrado).
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1. Complejidad
y diversidad versus simplicidad y uniformidad.
Las utopías filantrópicas inglesas del siglo pasado, que intentaron
corregir lo más negativo de la ciudad industrial, y asegurar una actividad
productiva pacífica, se consagraron con las proposiciones higienistas
de bloques abiertos de los municipios socialdemócratas alemanes, y
se reelaboraron por el Movimiento Moderno en nuestro siglo, especialmente
por Le Corbusier, según un esquema espacial que tendió en los hechos
a separar a los individuos, dificultando las manifestaciones comunitarias.
La burocracia industrial emergente, con preocupaciones cuantitativas,
impuso la construcción de grandes conjuntos en los que se repetían
miles de veces unos pocos modelos de vivienda y equipamientos para
un "hombre universal" con necesidades cuya satisfacción
necesariamente debía ser "estandarizada".
A esta filosofía, que multiplicó la simplicidad en la ciudad trayendo
como resultado la uniformidad, se opone hoy la filosofía de la complejidad
para el logro de una diversidad en el espacio urbano. Se espera que
esta contribuya no sólo al enriquecimiento de las relaciones humanas,
y al desarrollo individual y colectivo, sino también a un mejor manejo
del crecimiento de las ciudades.
El crecimiento urbano, sin una orientación cotidiana, a pesar de la
existencia de oportunos y adecuados planes en muchos casos, condujo
-entre otros factores- a su funcionamiento cada vez más caótico. La
desatención a la producción de los espacios públicos y al problema
de la contaminación por muchos años (vialidad, parques, áreas de juego
y deportes, etc.), resultó ser la mejor colaboradora de la publicidad
que incita a los habitantes a comprar una parcela de agrado "junto
a la naturaleza".
Un ciclo degenerativo se ha ido cerrando de esta forma. Por una parte,
está el campesino que, despojado de su habitat por procesos de "modernización
del campo" o huyendo de una vida rural miserable en todo sentido,
se insertó en la periferia urbana. Por otra, el habitante urbano,
que se escapa de las metrópolis -siempre que puede- para dirigirse
a una naturaleza que va cambiando negativamente en función de un proceso
cada vez más acelerado de deterioro: el espacio rural se divide en
parcelas, se perturba el paisaje natural por desforestación y otros,
y con todo ello se disminuye la posibilidad del disfrute colectivo
del territorio rural de las regiones metropolitanas.
En tanto, los polvorientos espacios intersticiales llamados "áreas
verdes" son sólo retazos especialmente en los conjuntos residenciales
más modestos: un verdadero fraude a nivel individual, y un instrumento
demagógico a nivel colectivo. Disminuída su capacidad de ser utilizados
como áreas verdes funcionales públicas, ellos también van siendo objeto
de todo tipo de usos inconvenientes y, aún más, de apropiaciones indebidas.
2. La accesibilidad
a los espacios públicos como un "objetivo cívico".
Cuando más se enuncia en los discursos contemporáneos que la accesibilidad
es la condición más relevante a lograr en nuestras ciudades, llegando
a plantearse la "ciudad accesible" no sólo como un ideal,
sino como la idea misma de ciudad, más se despliegan acciones que
atentan contra este objetivo.
Si se considera el "encuentro", como lo específicamente
urbano, y la "coexistencia", como una de las condiciones
de la accesibilidad, es claro que al limitarse esta última a ciertos
estratos de la población, -demanda solvente: los que puedan realizar
el pago directo por las redes viales, parques y otros-, se está afectando
la posibilidad de interacción entre individuos diferentes en el espacio
habitable, y, en consecuencia, se estará incrementando aún más la
segregación social.
Toda vez que se restrinja el acceso a los diversos espacios de encuentro
, se estará afectando la noción misma de civilidad, privilegiándose
la exclusividad territorial y desincentivándose el aprendizage de
la coexistencia en medio urbano: la ciudad o polis va perdiendo
su contenido en cuanto res publica -república- o institución
básica de la cosa pública.
Una reflexión que considere los conceptos esenciales de la ciudad
occidental, sin soslayar sus mutaciones hacia el fin del siglo XX,
debería llegar a plantear la accesibilidad como un objetivo cívico,
en el marco una aproximación ecológica a los asentamientos
humanos.
En este enfoque interesan las maneras según las cuales el ciudadano
entra en contacto con sus semejantes y con su entorno en sentido amplio:
físico y sensible, pero también social, económico, cultural. Esto
supone asumir las modalidades efectivas de la habitación, la
que no se reduce a "la casa" o al "apartamento",
sino que significa también habitar un vecindario, un barrio, una ciudad,
una región, un país, una cultura, una naturaleza.
También están en juego aquí, las modalidades efectivas de la sociabilización,
las que no se reducen a una pertenencia comunitaria o laboral, sino
que incluyen co-presencias y encuentros imprevistos en ese amplio
territorio.
Hoy, la inserción social ya no tiene como soporte sólo la proximidad
o la densidad demográfica local. Arraigo y pertenencia son nociones
que han perdido parte de su sentido, y que deben ser repensadas en
función de nuevos parámetros y según una relación inédita con la temporalidad.
La movilidad como valor es, sin duda, el hilo director de este tipo
de aproximación a los asentamientos humanos. Al finalizar el siglo
XX, el desplazamiento efectivo -sólo posible para la gran masa de
población mediante adecuadas redes de transporte público- ya no se
asocia a "no-lugares" y "tiempo perdido" para
ligar dos lugares ya conocidos y "funcionalizados" (domicilio-trabajo,
etc.), sino que es reconocido como un "generador", que participa
en la instauración y animación de múltiples actividades y espacios
públicos y privados: el movimiento es operador y modo de urbanidad
a la vez.
Y, lo que distingue los tipos de movimientos es su grado y modo de
"adherencia" al tejido/medio urbano: la marcha a pié en
un extremo, muy "próxima" a la ciudad ; el viaje en avión
en el otro extremo, muy "lejos" de la ciudad.
Entre ellos, la bicicleta, el automóvil, el autobús, el tranvía, el
Metro -para el cual, en todo el mundo se busca esa mayor "adherencia"
creando puntas intermedias entre las extremas domicilio-trabajo, asociadas
a un gran abanico de actividades, espacios y horarios-, y el ferrocarril.
Todos los tipos de movimiento ofreciendo un continuum que va
desde las más altas a las más bajas "adherencias" a los
espacios públicos y privados, y a los que corresponden formas específicas
de accesibilidad.
Un conjunto de relaciones permitidas, pero también escogidas
en el tiempo y en el espacio en virtud de redes de todo tipo, que
efectivamente ligaran los espacios y actividades públicos y privados,
convertirían los asentamientos humanos en espacios de mayor libertad
para el desarrollo del individuo y la sociedad.
Integrar, preservar, enriquecer, diversificar los espacios públicos
de la ciudad hoy, tiene sentido si se logra elevar el nivel de accesibilidad
en la ciudad. Ello supone, en primer lugar, la diversificación de
los tipos de movimientos y la articulación de los modos de transporte
que los producen.
Sin embargo, la accesibilidad como "objetivo cívico" es
un concepto que debe ser esclarecido, dada la ambigüedad con que suelen
ser tratadas, por ejemplo, la movilidad cotidiana y residencial en
el espacio: como un derecho (acercamiento del domicilio al
trabajo), pero también como una restricción (enraizamiento
residencial como condición de la sociabilidad urbana).
Por otra parte, tal como el desplazamiento va contra la cultura de
la sedentarización, la civilidad va contra la exclusividad territorial.
Esta última oposición exige a la sociedad civil que sus miembros aprendan
a coexistir con individuos diferentes, especialmente en los espacios
públicos.
El aprendizaje del desplazamiento que posibilita la sociedad civil,
implica la difusión y enseñanza de códigos de multi-territorialidad
y reglas de desenvolvimiento en todos los lugares. Por cierto, esta
capacidad está desigualmente distribuida hoy en la población.
En nuestro contexto, toda vez que los habitantes menos integrados
se inclinan por un desenvolvimiento fuera del marco de la ley, aumenta
la delincuencia, frente a lo cual las viviendas van adoptando aspecto
de fortaleza, (despliegue del condominio, "feudalización"
de la ciudad), y los espacios públicos se ven despoblados o eventualmente
invadidos por la policía.
En cuanto a los ciudadanos más integrados, estos circulan diariamente
por un amplio territorio pues sus lugares de empleo, los colegios
de sus hijos, y el tipo de comercio que interesa a sus familias, están
más allá de la "zona", barrio y comuna de residencia. Sobrepasando
la motivación de las necesidades en sentido estricto, ellos se imponen
objetivos de prestigio, distinción, enmarcamiento social, etc.
Y la residencia es el punto de partida desde el cual los miembros
de un hogar definen su propia ciudad en relación a una multitud de
destinaciones que se alcanzan en forma creciente en automóvil. Estas
categorías sociales tienen mayor experiencia en el uso estratégico
de los desplazamientos, desenvolviéndose muy bien en contextos variados
y disfrutando una diversidad creciente del consumo.
La informática y la telecomunicación hacen posible su conexión permanente
con el mundo, su acceso ilimitado a la información y a un intercambio
a distancia de todo tipo y con todo tipo de pares.
En tanto, fracciones importantes de la población están aún poco comprometidas
con la movilidad cotidiana, sea porque por su edad no pueden conducir
-los ancianos y los niños- siendo dependientes de otros para su acercamiento
a los equipamientos, aún a los cotidianos cuando se trata de urbanizaciones
de baja densidad; sea porque ellas participan mal o no participan
en los mercados regionales de empleo, consumen pocos bienes y servicios,
y porque su vida cotidiana es cautiva de un área limitada donde el
"vecindario" (más que el "barrio"), acoge de alguna
forma sus espectativas, permitiéndoles sobrevivir gracias a la solidaridad
entre vecinos que simpatizan.
3.
Hacia un enfoque más integrador de los espacios públicos en la región
urbana.
Pensamos que un enfoque más integrador para el tema de los espacios
públicos -las áreas verdes funcionales públicas, como uno de los temas
relevantes-, debería considerar a lo menos:
La más amplia recuperación del concepto de red de espacios públicos,
como un valor característico de la ciudad occidental, diversificando,
coordinando, descentralizando, y recentralizando la oferta;
La accesibilidad a la red de espacios públicos como un objetivo
cívico, sin restricciones para toda la población, definiéndose
un nivel de acceso local mínimo por cada habitante más desfavorecido;
La recuperación crítica de los aportes precedentes: del Movimiento
Moderno y también de la ciudad tradicional establecida de manera más
compacta;
El concepto de paisaje global para el tratamiento integral
y sistémico del "espacio intersticial" público y privado,
urbano y rural, en coordinación con el espacio construido público
y privado, urbano y rural;
Estrategias de desarrollo urbano-rural con sentido ecológico, donde
los elementos estructurantes del medio natural estén coordinados positivamente
con los elementos estructurantes del medio construido;
La participación de los habitantes, especialmente en lo referido a
espacios verdes funcionales públicos, para el establecimiento de sus
reales necesidades, para la búsqueda de diseños apropiados, y la construcción,
mantención y administración de ellos, favoreciéndose a través de esta
participación, la capacitación y reinserción social de algunos grupos
de los habitantes más desintegrados;
La activación en complejidad de los valores de los espacios públicos
verdes: meteorológico, sanitario, de esparcimiento, científico, educativo,
psicológico, formativo individual en torno al recurso, de arraigo
colectivo, estético, morfológico-funcional, cívico-social, etc.;
La calidad de vida como un concepto dinámico, que debe evolucionar
con el tiempo hacia nuevos y mejores objetivos; ello significa que
la oferta de espacios públicos debe evolucionar tanto como los modos
de transporte que permitan acceder a dichos espacios;
La coordinación de las acciones sobre el espacio público a través
del tiempo: evitando el derroche de recursos intelectuales, materiales
y de tiempo; el plan de espacios públicos y áreas verdes como un proceso
que se realiza día a día, y cuyo horizonte de consolidación es de
mediano y largo plazo;
Una línea permanente de gestión de evaluación de las acciones comprometidas,
con seguimiento de las realizaciones exitosas referidas a cada contexto,
evitando su aplicación indiscriminada en contextos no equivalentes;
Un paisajismo urbano-rural con sentido poético, donde la creación
de espacios públicos se asocie a la necesidad lúdica del individuo
en sociedad ("intermedios" en la vida cotidiana): lugares
para el encuentro, la fiesta, el romance, la representación, la discusión
pública, el discurso político, el ocio placentero, el juego, el descanso,
la preparación física, el deporte lúdico activo, etc., en un sistema
accesible de espacios públicos que cubra no sólo el ámbito de la ciudad,
sino de toda la región de inserción;
Una voluntad política sostenida para los espacios públicos que sea:
a) consecuente
con las necesidades de toda la población, y en especial de la que
tiene menos capacidad de elección por contar con pocos recursos y
menor movilidad, especialmente los ancianos - se duplicará su número
en el mediano plazo en Chile-, los niños, y los minusválidos,
b)consecuente
con los logros de la humanidad para conformar marcos ambientales
satisfactorios, y
c) capaz
de establecer la economía de medios que debe presidir toda actuación
solidaria en un contexto caracterizado por la escasez de recursos.
En síntesis,
se requiere una voluntad política sostenida para los espacios públicos
que sea simultáneamente democrática, culta y austera.
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