La etapa más reciente del proceso de urbanización de la sociedad chilena
está marcada por una dialéctica de contrarios. En efecto, al mismo
tiempo que se aceleran los cambios impulsados por la creciente hegemonía
del modelo neoliberal, fundado en la competencia mercantil de individuos
y empresas, se reintenta legitimar el discurso de una planificación
territorial basada en el consenso y la solidaridad social.
Por ejemplo, siendo evidente la dificultad para controlar el fraccionamiento
del entorno rural de nuestras principales ciudades, no se ha querido
modificar una legislación muy permisiva al respecto, no obstante estar
de acuerdo en esto mayoritariamente los cuerpos técnicos de todas
las tendencias.
Por otra parte, se ve venir una incontenible privatización de los
servicios de infraestructura sanitaria, que no resulta deseable, pues
disminuirá las posibilidades de aplicar criterios integradores de
las formaciones urbanas.
En otro nivel, cuando, tras una larga y complicada tramitación, se
está aprobando un nuevo Plan Metropolitano de Santiago, simultáneamente
se implementan proyectos de vialidad del sector privado, para su manejo
en concesión, sin coordinación alguna con el citado Plan, e incluso,
algunos de ellos, en abierta contraposicion con sus objetivos.
Por lo demás, contrariando principios ampliamente refrendados de democracia
participativa y responsabilidad edilicia, en una actitud de arrogancia
técnica, Metro S.A., -entidad semi-privatizada, actuando sólo con
su propia lógica- desestima una contrapropuesta de la Municipalidad
de Ñuñoa, aduciendo diferenciales de costos considerados en una fórmula
de corto plazo, aún cuando ella afecte, definitivamente, el potencial
de desarrollo urbano de un amplio sector de su territorio.
Para evaluar la contradicción señalada en el encuadre que corresponde,
procedería volver a la base teórica de toda intervención en Urbanismo.
Esto parte por la configuración conceptual vigente del objeto de estudio
de nuestra disciplina. En tal sentido, repensar "lo urbano"
hoy, es una apremiante necesidad.
El divorcio
de Urbs y Civitas
En el lenguaje común, el término "ciudad" continúa designando
el lugar o soporte estático para el intercambio de bienes, de informaciones
y de valores; unión indisociable de lo que los romanos llamaron "URBS"
(territorio físico de la ciudad) y "CIVITAS" (comunidad
de ciudadanos que la habitan), o pertenencia recíproca de una entidad
espacial discreta y fija, y de una población.
Pero, en los hechos, el divorcio de URBS y CIVITAS es una realidad,
la era de las entidades urbanas discretas ha terminado. No obstante,
no se cambia el vocabulario, los esquemas mentales permanecen y esto
contribuye a su arcaismo. Con excepción de algunos centros, la ciudad
medieval no estaba simplemente "en el campo", sino que era
"del campo".
La revolución industrial quebró esta relación de interdependencia,
originando, como opuestos, la ciudad y campo. El proceso sigue y tiende
a centrar la atención en una entidad que no es la ciudad ni el campo,
y donde ni el urbanismo del diseño, ni el de la regulación -ligados
a lo estático de los espacios construidos-, parecen tener cabida,
(1). "Lo urbano" ¿encuentra su soporte
en las redes dinámicas de todo tipo en el territorio?.
"Lo urbano"
desplegándose por la "región urbana"
La ciudad metrópoli no funciona en un territorio restringido a sus
límites. La captación de las aguas, la purificación del aire, la evacuación
de los desechos, la necesidad de localizar población y equipamientos
metropolitanos, entre otros, exigen un territorio mayor, que reclama
ser apreciado en adelante, como "el ecosistema de la región urbana".
La visión del espacio como "sistema territorial", permitiría
comprender, entre otros, el rol estratégico de las redes, desde el
momento que se las abstrae de su materialidad, para definirlas por
su función relacional. En este enfoque, el "pensar primero globalmente,
para actuar luego localmente", parece ser una condición.
Muñoz Maluschka
predicando en el desierto: ¡Coordinarse! ¡Asociarse!
Un precursor del ordenamiento territorial en Chile en la primera mitad
del siflo XX, Arqto. Luis Muñoz Maluschka (1986-1973), dió origen
a cuerpos legales que, además de reconocer los niveles de la planificación,
disponían que planes nacionales, regionales, microregionales, intercomunales
y comunales, estuvieran concebidos en forma coordinada, y en permanente
diálogo y actualización a través del tiempo. Decía Luis Muñoz en 1936:
Ciclo Creación-Ruptura-Derroche,
¿un mal de Chile?
Se está de acuerdo en que la actuación ordenadora sobre áreas agrícolas
y paleo-urbanas de la Micro-Región de Santiago, sometidas hoy a procesos
de cambios estructurales, como ocurre con Pirque y Peñaflor, formula
el imperativo de acelerar la concepción y diseño de instrumentos "apropiados"
mediante los cuales realmente se pueda orientar positivamente las
dinámicas emergentes, sin dejar de considerar los diversos intereses
en juego.
Pero, ¿cómo revertir la tradición de discontinuidades que afecta nuestra
experiencia ordenadora, toda vez que vemos desvirtuados, mutilados,
interrumpidos, los medios aprobados en el avance hacia el logro de
la orientación de los procesos?
¿Qué fue de Pirque y Peñaflor en el contexto del Plan Regulador Micro-Regional
e Intercomunal de Santiago aprobados, conjunta y coordinadamente "desde"
1960? (3).
Hay pérdida de valores y principios, en los años transcurridos desde
entonces. El Urbanismo y la Metropolítica, influenciados por las ideologías,
hacen del poder un instrumento de control del espacio y de repartición
de la población.
¿Plan Regulador
"Rurbano-Comunal", para Pirque?
Según la ley, el Plan Regulador es aplicable a comunas con centros
de más de 7.000 habitantes. Pirque no cumple esta condición. No obstante,
existe una necesidad real de contar con un instrumento "adecuado",
dado su acelerado proceso de transformación.
Esta comuna mantiene una vinculación y dependencia muy marcadas con
Puente Alto y el Gran Santiago. Su potencialidad productiva no se
ha desplegado como para ser el factor dinamizante de su desarrollo.
El corto alcance de una actividad agroindustrial en el área, no se
traduciría en una fuente de empleo de impacto comunal, ni sería muy
trascendente a la consolidación de estructuras urbanas. La dinámica
demográfica muestra migración y bajas tasas de crecimiento general.
En tanto, la población de origen es desplazada por inmigración desde
otras comunas -Las Condes, Providencia, La Reina-, no vinculada a
la actividad agrícola. Adicionalmente, la población local tiene, en
general, poca capacidad de inversión e incorporación a los sistemas
de mercado.
Los asentamientos humanos existentes al interior de su territorio,
sufren inestabilidad física y funcional. La alta concentración de
la propiedad y la particular estructura de tamaños de precios, entre
otros factores, desencadenan una dinámica de conformación de oferta
de suelo, haciendo viable la implementación de un mercado de suelo
que se torna crecientemente especulativo, todo lo cual sería determinante
frente a acciones de planificación y orientación del orden territorial
comunal o a una hipotética definición urbana en el área.
La consecuencia de dicho mercado y la sobreoferta de suelo suburbano,
ha sido la conformación de amplias zonas de crecimiento, sin referencia
a un sistema de centro poblados, que se acompaña de pérdida de suelo
agrícola sin consideración a su capacidad productiva- 5.000 hás. en
los últimos 10 años-, y que, si bien explota las extraordinarias cualidades
del paisaje natural, desconoce la dinámica de sus unidades: cordillera
de Los Andes, los cerros de Principal, el cordón Los Ratones, y el
río Maipo, con potenciales eventos catastróficos, como por ejemplo,
las inundaciones provocadas por el estero Clarillo y el estro Seco
(o quebrada Honda), o los riesgos de socavamiento lateral de las terrazas
del río Maipo durante episodios de grandes crecidas fluviales.
No debe olvidarse la dinámica de las vertientes y de la arroyada,
con el drenaje de los conos de deyección que conforman el piedmont
de esta comuna, y en general del sistema hidrológico del Maipo.
Por otra parte, la explotación de áridos genera aquí un efecto negativo
en tanto transforma suelos de buena calidad agrícola, pero de baja
rentabilidad, en suelos no recuperables, afectando el paisaje y sistema
ecológico del área (4).
Ante este complejo panorama, no extraña que el gobierno local denuncie
serias restricciones para regular y orientar este proceso de transformación.
Su voluntad de disponer un proyecto de Plan Regulador se estrella
con las limitaciones de instrumentos tradicionales que convierten
a políticos y planificadores urbanos en verdaderos agentes de la utopía.
Peñaflor y
sus dos maridos
En el caso de Peñaflor, existe un proceso de cambio del rol urbano
y comunal de su territorio -en desarrollo desde mediados de la década
de 1960- como resultado de su creciente incorporación a la dinámica
global de la Metrópoli de Santiago.
Hacia 1980, esta transformación fue convirtiéndola en una especie
de satélite urbano-industrial del centro de la Región, todavía muy
ligado a su entorno agrario. Hoy, está pasando claramente a ser una
fracción integrada a la estructura urbana del Gran Santiago, no obstante
la presencia de espacios no edificados todavía existentes entre sus
dos núcleos más importantes, Peñaflor Malloco y Padre Hurtado-Santa
Rosa (este último, recién convertido en cabecera de una nueva comuna
pobre).
Este proceso se evidencia en el incremento permanente de los flujos
y la cinética del transporte colectivo: en el diferencial de las tasas
de aumento de la población -comparándolas con los valores regionales-.
y, por último, en cambios en el tipo de solicitudes de mejoramiento
de la calidad de vida expresadas por los habitantes en los Talleres
de Participación Comunitaria contenidos en el programa del Proyecto
Plan Regulador que realizamos.
Como resultado de aquellas transformaciones, junto con haberse consolidado
los niveles de urbanización de las entidades, ha venido creciendo
su grado de dependencia funcional, provocando alteraciones en los
balances de frecuentación del equipamiento comunitario existente y
en el propio cuadro de las demandas sociales por nuevos servicios.
Desde la perspectiva del Plan Regulador, y considerando los requerimientos
de las instancias oficiales de tutela, en el sentido de dar lugar
a una oferta de espacio en patrones de densificación que - a lo menos-
tripliquen la densidad urbana bruta actual, hemos considerado que,
en la continuación del proceso, es altamente probable que se adhiera
una mayor cantidad de población inmigrante desde el resto del área
metropolitana, lo cual se sumará al crecimiento vegetativo local (superior
al promedio de la Región Metropolitana), haciendo resurgir -en otro
escalón del desarrollo- nuevas demandas por equipamiento, servicios
y fuentes de empleo.
Ante esta perspectiva, la población, no obstante comprender la necesidad
de llevar a cabo una verdadera "refundación" de sus centros
poblados para poder contar con el soporte adecuado a su desarrollo,
denuncia -no poco contrariada- la inminente destrucción de su patrimonio
natural que la caracteriza, la captura de nuevas fuentes de trabajo
por los inmigrantes de Santiago, y una baja, en su ya deteriorada
calidad de vida, producto del rápida proceso de densificación, y contaminación
ambiental que se vive (5).
En tanto, el Esquema Director para el Sistema de Centros Poblados
de la Región Metropolitana, en su propuesta preliminar (MINVU 1991),
hacía participar estos centros de un subsistema de comuna, donde Peñaflor-Malloco
y Padre Hurtado-Santa Rosa, se sumarían a El Monte y Talagante, para
pasar a formar parte de una nueva Area Intercomunal en la Micro-Región
de Santiago, de carácter "Urbano-Rural", con cabecera en
Talagante.
Sin embargo, resulta sorprendentes que el primer llamado a constituir
un nuevo Plan Intercomunal esté referido a la Provincia de Melipilla,
una suerte de engendro espacial que sumó las áreas restantes de las
primeras delimitaciones de la división político-administrativa de
la Región Metropolitana vigente, dejando de lado el criterio de abordaje
de las unidades de planificación de acuerdo a su homogeneidad, o a
su dependencia funcional, o, por último, a un sentido estratégico
del desarrollo territorial.
Una nueva maldición
cae sobre la acción urbanística
El reinado de "lo urbano", la tendencia a la "desaparición
de la ciudad", la emergencia de una escala única de ordenamiento,
para unos, y, la priorización de la escala local, para otros (¿pensar
localmente para actuar globalmente?), despierta inquietudes (6). Una nueva maldición ha caído sobre la
acción urbanística, advierteF. Choay:
"La confusión de escalas interfiere la escena y hace indiscernibles
la diversidad de los desafíos y de actores que allí se confrontan"
(7).
¿Cuál es la
naturaleza de los procesos de urbanización hoy?
Volvemos al punto de partida, es necesario "pensar lo urbano",
la ciudad es creación del hombre. Urbanización ya no es sinónimo de
producción de "ciudad". Ni el urbanismo tradicional -que
estudiaba las improntas espaciales de la conducta social y los espacios
generados por determinados tipos de comportamientos-, ni el llamado
"urbanismo moderno" -que alteraba esa relación bipolar,
traduciéndola en una vinculación entre percepciones, razonamientos
y conductas articuladas a un entorno acondicionador y acondicionado,
logran dar una respuesta de validez contemporánea.
Pensamos que, a lo menos, deberíamos retomar la discusión teórica
interrumpida a mediados de la década del 60, según la cual, la condición
urbana sería inherente a la estructura social, constituyéndose, el
ambiente y el hombre, en un todo funcionalmente unificado, multidimensional
y dinámico, que está "siempre siendo", en tanto se está
produciendo permanentemente. En consecuencia, la antigua propuesta
de Muñoz Maluschka vuelve a validarse.