1. Las interrogantes
Indagando en los espacios verdes
recreacionales públicos de las ciudades y pueblos de la provincia
de Quillota, en el marco de una investigación coordinada con un estudio
de mayor alcance tendiente a normalizar los Planes Reguladores actualmente
operando en este territorio (1),
hemos intentado responder, en una primera aproximación, a un conjunto
de preguntas que nos pareció pertinente hacer a la realidad observada.
Una inquietud creciente ha
estado al origen de nuestra tarea. Frente a una manifiesta voluntad
política y técnica del nivel central para realizar avances en materia
de espacios verdes públicos, la que representa un renacer de la temática
en la presente década después de años de olvido oficial (2),
nos encontramos con una realidad local donde se reitera prácticas
no deseables en perjuicio de la calidad de vida de la población actual
y futura (3).
Interesados en la ciudad como
una creación cotidiana donde no sólo se pueda vivir, sino donde se
viva bien, la pregunta central de esta investigación ha sido cuánto
culto, democrático y austero se manifiesta en la realidad del espacio
urbano concreto de interés, el producto de la acción global de los
diversos agentes locales en materia de espacios verdes urbanos públicos(4).
Estimamos que una acción culta
significa consecuencia con los logros de la humanidad para conformar
marcos ambientales satisfactorios, lo que implica a fines del siglo
XX, la necesidad de definir espacios civilizados, diversos, complejos
y coherentes con los procesos de la naturaleza.
Una acción democrática supone
consecuencia con las necesidades de la totalidad de la población,
en el espíritu de incrementar la propia diversidad. Atención especial
debe darse al grupo de población de menor movilidad y recursos.
Una acción austera implica
ser capaz de establecer la economía de medios que debe presidir toda
actuación solidaria en un marco caracterizado por la escasez de recursos(5).
En términos específicos, y
considerando que la realización de los espacios verdes públicos se
materializa en tres instancias:
a) el planeamiento, con la
concepción de los sistemas de espacios verdes, su jerarquización,
caracterización funcional, distribución, dimensionamiento en cada
realidad local;
b) el diseño, con la concepción
de su trazado en planta y disposición de sus elementos y determinación
de las características de sus componentes, diseño y materiales de
ejecución, y
c) la regulación de los predios,
actividades y edificios del contorno, aspecto este último muy poco
destacado y considerado (6).
nos interesó detectar manifestaciones
en sitio asociadas a un conjunto de requerimientos generales que para
cada una de dichas instancias, nos parece pertinente reclamar hoy,
en la perspectiva de nuestra pregunta central sobre los espacios verdes
públicos (7).
Algunos requerimientos
de planeamiento de los espacios verdes públicos (8).
Un sistema de espacios verdes funcionales públicos debe estar en función
de la densidad de población mucho más que de la superficie del territorio
a servir, si se desea tener espacios animados y autocontrolados. Ello
no significará desatender los radios de acción que, especialmente
en el caso del peatón de menor movilidad se puede razonablemente recorrer
para acceder a los espacios -sobre todo- de frecuencia cotidiana.
Es deseable estructurar y compartimentar las áreas urbanas residenciales
en unidades de diseño a partir de los parques urbanos de tamaño y
dispersión media, y la red viaria fundamental. Las áreas residenciales
deben disponerse idealmente en torno a los terrenos más idóneos para
formar estos parques, y la vialidad estructurante debe estar en los
bordes de las unidades seccionales, definiéndose así, interiores más
calmados para el paseo y la estancia vecinal y de barrio.
Si bien por razones de mantenimiento podría ser deseable tener concentrados
los espacios verdes públicos en muy pocos puntos, en razón de los
objetivos de calidad de vida actuales, se requiere jerarquizar y desconcentrar
los espacios públicos en general, y los verdes en especial en el espacio
urbano. Ello con los fines de:
optimizar la accesibilidad y el disfrute general de todos los habitantes;
facilitar la frecuentación a ellos;
equilibrar la permeabilidad del espacio urbano, y
hacer extensivos al conjunto de la población en su entorno inmediato,
los beneficios de los espacios verdes como reguladores climáticos,
sobre todo en verano.
Los espacios verdes funcionales públicos estarán presentes no sólo
en los barrios residenciales más densos, sino en aquellos con población
de menores recursos, posibilidades de desplazamiento y de opciones,
donde el jardín privado casi no existe por falta de espacio y la vivienda
es de dimensiones mínimas, sin posibilidad de expansión para sus moradores.
Si los recursos son escasos, y los sistemas de transporte son deficientes
y caros, se considerará más adecuado disponer de un conjunto de parques
de tamaño medio cercanos a la población, que de un gran parque distante
de la mayor parte de aquella.
Se debe lograr un sistema urbano de espacios verdes mixto: particular,
municipal y fiscal, tratando de sacar el máximo provecho de las áreas
verdes particulares en lo referido especialmente al valor sanitario
para la formación de microclimas, y al valor psicológico (microámbito
cotidiano de contacto con la naturaleza, terapia de relajación mediante
tareas de jardinería, etc.) toda vez que el estrato económico permita
solventar el costo de la mantención del jardín privado. Por otra parte,
sistemas mixtos de áreas verdes de uso público de administración municipal,
con mantención y cuidado particular son deseables. Esto se puede lograr
integrando (trabajo, vigilancia, aseo, etc) a los habitantes en la
zona de influencia, también organizándose concursos y premios, y otros.
Si bien los espacios verdes funcionales de uso público deberían ser
lo más reducidos posibles dado su alto costo de creación y de mantención,
la alternativa que se escoja en cada escalón del sistema debe asegurar
un adecuado dimensionamiento sin el cual no será posible su correcto
funcionamiento e incluso su uso, con el consiguiente derroche de recursos.
El exagerar la proporción de las áreas verdes crea tantos o más problemas
que el dejar las dotaciones bajo los mínimos. Se recomienda un trabajo
paulatino, basándose especialmente en la observación cuidadosa de
los espacios públicos exitosos en cada realidad particular, más que
en la aplicación de estándares "iguales para todos".
En la localización de los espacios verdes públicos se debe intentar
incorporar y conservar todos los recursos del paisaje que puedan integrarse
en el sistema: agrupaciones de árboles existentes, filas de árboles
de antiguos caminos, elementos morfológicos e hidrológicos singulares
como manantiales, arroyos, estanques, vaguadas, colinas, teniendo
presentes los puntos de vista más favorables sobre panorámicas de
interés, como componentes caracterizadores del sistema de espacios
públicos en general, y verdes en especial.
Ordenamiento urbano con sentido ecológico, donde se coordine la dinámica
de los flujos de aguas superficiales (escorrentía, canales de regadío
rural que atraviesan las áreas urbanas, esteros, ríos, etc.), con
los emplazamientos de los espacios verdes, vialidad estructurante,
calidades de suelo, y otros, para protección preventiva de la población,
evitando desastres por inundación, y derroche de recursos, en especial
del recurso agua. Debe destinarse los terrenos con mejores condiciones
edáficas y con humedad natural -vaguadas- a la plantación de arbolado
y a la formación de parques. Se debe localizar los parques urbanos
preferentemente en los niveles más bajos del área, con el fin de preservar
la circulación superficial de aguas naturales y formar estanques que
faciliten su retención, la carga del manto freático y la regulación
de eventuales avenidas.
Adecuada transición entre los espacios intersticiales públicos y los
privados, delimitando además claramente sus roles y ámbitos. De lo
contrario se extenderá, entre otros usos indebidos en el caso de los
espacios verdes, el estacionamiento del creciente volumen de automóviles
en ellas.
Algunos requerimientos
de diseño de los espacios verdes públicos (9).
Los espacios verdes funcionales públicos de recreación, deben caracterizarse
debidamente en la realidad para que no se confundan con las superficies
verdes que operan con los objetivos complementarios de otras composiciones:
estéticos en prioridad, protección contra el viento, ruido, también
en menor grado colaborantes en la definición del microclima (las avenidas,
las alamedas, los caminos, las cortinas verdes, las plazas monumentales,
representativas y decorativas, las ágoras cívicas y comerciales con
algún tipo de vegetación decorativa).
Al interior de las nuevas poblaciones los espacios verdes vecinales
(juego de infantes) deben constituir recintos cercados y vigilados
de juego, distribuídos en función de las zonas de densidad el área,
articulando la configuración de calles locales, pero sin formar bandas
paralelas a las aceras, pues pronto se verían convertidas en áreas
de estacionamiento.
Asegurar la diversidad, individualidad y legibilidad de los espacios
públicos en general, con el fin de facilitar la orientación de las
personas en la ciudad y de otorgar "sentido de lugar" a
sus diversas áreas.
Humanización de los espacios públicos para un efectivo uso, dándoles
un acondicionamiento ambiental que permita su uso en las mejores condiciones
en el máximo de tiempo: protección del viento, sol, lluvia, etc.
Multifuncionalidad y versatilidad de los espacios públicos, tanto
simultánea como secuencial, con el fin de facilitar su uso intensivo.
La capacidad de adaptación estará determinada por el dominio y diafanidad
de las superficies peatonales horizontales, por la movilidad del mobiliario
y por la riqueza de sus componentes.
Enriquecimiento de los espacios públicos con objetos simbólicos (esculturas,
monumentos), que tengan especial significado para la comunidad (elementos
pertinentes en el contexto local, o de importancia nacional), y que
colaboren a descentralizar el arte y los símbolos en la ciudad). Su
ejecución debería someterse a mecanismos de consenso colectivo, entre
los que destaca la suscripción popular.
Evitar el endurecimiento antivandálico de los espacios verdes, que
conduce en ocasiones, a una estética de matorrales de espinos y hormigones
brutalistas, que otorgan una imagen agresiva de los espacios públicos.
En cuanto a materiales debe buscarse la diversidad de durezas y texturas,
racionalidad de costos de mantención, coherencia con los presupuestos
de inversión, y seguridad del usuario.
Métodos de participación en el diseño y conservación, uso de técnicas
identificables y reconocibles por los habitantes, diversificación
de las soluciones caracterizando los barrios como forma de fomentar
la "apropiación" del espacio por los vecinos (10).
En este sentido algunos estudios estiman que puede resultar útil crear
un catálogo abierto de soluciones adecuadas localmente que, sin olvidar
la racionalización, permita la variedad.
Adaptar el sistema de espacios verdes al modelado de los terrenos
siempre que lo permitan las condiciones topográficas, con el fin de
evitar grandes movimientos de tierra que desnaturalicen su caracter,
den lugar a desniveles importantes en las alineaciones y varíen el
nivel freático en las proximidades de los árboles.
Evitar que se contaminen las actividades entre grupos de usuarios
en cada espacio verde funcional recreacional, por lo cual se debe,
entre otros, respetar la dimensión mínima necesaria para cada tipo
de espacio.
Debe buscarse diseños que permitan cierta flexibilidad para adaptarse
a los cambios, (calidad y riqueza de vida como concepto dinámico).
Evitar decisiones de diseño de difícil reversibilidad.
Privilegiar el uso de especies autóctonas locales, cuyo valor estético
se base además, en elementos naturales del paisaje original. La selección
de la flora nativa, debe hacerse en función de las características
del área natural de inserción, teniendo presente los procesos de cambio
en el medio natural en curso (desertificación, etc.). Ello dará como
resultado pocos gastos de mantención, y una especificidad local de
diseño, colaborante con la identidad del lugar; ofrecerá también un
potencial didáctico desarrollable en los niños y también en los adultos.
Los espacios verdes públicos autosustentables, están en consecuencia,
"con la naturaleza" y no "en contra de la naturaleza"
(11).
o debe descartarse la ubicación de espacios verdes en suelos pobres,
pues contrariamente a lo que se piensa, si bien permiten crecimiento
de menos especies nativas, estas se desarrollan con mayor impulso
(12).
Fomentar el uso de especies nativas arbustivas, las que han desaparecido
de los parques públicos en función de la búsqueda de la seguridad
del usuario. Estas especies pueden formar parte, sin embargo, de islas
paisajísticas cercadas al interior de los parques urbanos de diversas
escalas, dispuestas para ser observadas (con acceso sólo a mantención).
En estas islas pueden colocarse también especies de crecimiento delicado,
y otras que requieran especial protección (13).
Algunos requerimientos
de contorno de los espacios verdes públicos (14).
Favorecer la instalación de locales comerciales que no originen conflictos
con la vecindad, en los primeros pisos, y limitar la transformación
de las actividades residenciales a usos terciarios.
Facilitar la integración e instalación de todos los usos compatibles
con el uso residencial que no sean generadores de perturbaciones ambientales
ni de tráfico rodado intenso, con el fin de asegurar la diversidad
funcional del tejido urbano y, en consecuencia, la diversidad morfológica
de la edificación.
Reforzar las actividades en los espacios públicos con la multiplicidad
de usos instalados en las parcelas edificables mediante la proliferación
del número de accesos y, por tanto, del número de parcelas. Se favorecerá
así la animación, la permanencia, el autocontrol de los comportamientos
y cuidado del patrimonio creado.
Favorecer la creación de locales en primer piso destinados a usos
compatibles con el uso residencial mediante la asignación de una edificabilidad
específica con dicho fin, independientemente de la residencial, con
objeto de que no entre en competencia mercantil con ella y posibilite
su existencia.
Destinar los primeros pisos de las parcelas de esquina a locales de
comercio, con el fin de reforzar funcionalmente los nudos de la trama.
Dificultar la instalación de actividades no residenciales no conflictivas
en pisos que no tengan acceso directo desde los espacios públicos.
Integrar las parcelas de equipamientos con coeficiente de ocupación
elevado -equipamiento comercial (mercado municipal) y social (religioso
sanitario, asistencial, administrativo, cultural, recreativo, etc,)-
en las manzanas residenciales y, en consonancia con su singularidad
funcional disponer su acceso desde una plaza estratégicamente situada
en el sector.
Situar centros docentes, y parques deportivos, cercanos a los parques
urbanos, con el fin de facilitar el acceso a la población infantil.
Considerar el bloque cerrado dispuesto en el perímetro de las manzanas,
formado por la yuxtaposición de edificios colindantes -entre medianeras-
con una fachada exterior y una fachada interior, como el complemento
necesario de la calle para definir un tejido urbano óptimo, semejante
al tradicional. Este tipo de organización espacial básica, tiene una
lógica social que responde a un doble principio de economía: asegura
la mayor longitud de contacto de los edificios con el espacio público
y el mayor volumen edificado con la mínima superficie de cerramiento
asegurando la iluminación y ventilación natural de los locales. Los
edificios perimetrales de la manzana cerrada "rentabilizan"
al máximo el contacto entre el espacio público y el espacio privado,
aseguran la sucesión espacio público - espacio edificado - espacio
libre privado, magnificando las superficies de los espacios libres
privados al interior de las manzanas.
-Favorecer la construcción de edificios que no superen los cuatro
pisos. De ellos, el primero puede estar destinada a locales comerciales
y el resto a uso residencial. Entre otras razones para esta altura
se cita la protección de fachadas y huecos de los vientos invernales;
la protección de fachadas y cubiertas contra la radiación solar en
verano cuando están protegidas por la sombra de los árboles; la relación
directa visual y oral entre personas situadas en el edificio y el
suelo, etc.
2. Síntesis de constataciones
en los núcleos urbanos de la Provincia de Quillota.
Los recorridos, abarcando una
cifra cercana al 95 % del territorio urbano de cada centro poblado,
han permitido constatar la existencia de Parques Urbano-Comunales,
Plazas de Representación, y Plazuelas Vecinales, además de Secciones
Verdes en el Perfil de Vías, cuya situación general se resume en las
líneas siguientes.
Parques Urbano Comunales.
En lo referido a Parques Urbano
Comunales (15),
ellos se justifican en las ciudades o comunas urbanas con más de 35.000
habitantes. Se constata en la provincia de Quillota que las ciudades
con una población próxima o superior a esa cifra -Limache, Quillota
y La Calera- tienen un espacio verde mayor, oscilando su dimensión
entre 13 y 6,5 Hás., esto es, menor que la superficie mínima de 20
Hás recomendada en diversos estudios para posibilitar su multifuncionalidad.
Estos parques se encuentran
en todos los casos junto a cauces de agua destacados, con lo cual
aumentan, en principio, sus recursos paisajísticos y de mantención
por el marco de humedad natural. En el caso de La Calera se observa
sin embargo que, si bien el parque está junto al río Aconcagua, medidas
asociadas a las defensas del río, han dispuesto enrocados y rellenos
que se han traducido en el endurecimiento del borde del río teniendo
como consecuencia el deterioro significativo del soporte de vegetación
y con ello probablemente una cierta merma de la fauna característica
de los terrenos húmedos.
Por otra parte, estos parques,
por su localización periférica, especialmente en el caso de Quillota,
están lejos de la mayor parte de la población. Se debe agregar a esta
situación el hecho que la masa de población de menor movilidad (ancianos
-que duplicarán su representación en la composición de la población
chilena en el próximo futuro, niños y minusválidos) no podrá utilizar
frecuentemente estos espacios por estar lejos, y por depender de otros
para su traslado, sin olvidar la peligrosidad por su tamaño, por la
falta de animación, y por la misma condición periférica.
En lo referido a su dimensión
menor que lo deseable, suele argumentarse que estos parques están
en ciudades de tamaño medio a pequeño y, en consecuencia, están muy
próximos al ámbito verde rural por lo cual las necesidades de la población
podrían moderarse. No obstante, la simple existencia del espacio verde
rural privado, no puede compensar las carencias de superficie para
ofrecer la respuesta recreacional de nivel intercomunal que estos
parques públicos están llamados a dar para acoger actividades bien
concretas, en el caso de La Calera, respecto de Nogales, El Melón
e Hijuelas; en el caso de Quillota, respecto de La Cruz, y en el caso
de Limache, respecto de Olmué.
En lo referido a su diseño
y mantención, en el caso de La Calera, el parque principal se observa
como un espacio heredado de otra época, cuyo diseño habría respondido
a un lugar de estancia y paseo, más que a la multifuncionalidad hoy
requerida, presentándose en un estado de abandono al visitante.
En el caso de Quillota, cuyo
parque está aún en construcción, su proyecto se asocia a sólo parte
de las funciones que estos parques deben cumplir, apreciándose además
en los planos del proyecto un muy bajo porcentaje de masa vegetal
prevista, lo que es, en términos generales, inverso de lo deseable
en este tipo de parques.
Por último en el caso de Limache,
se trata de una reserva de espacio también ribereño aún no configurado
como parque comunal, lo que junto a su localización algo menos periférica
que los otros casos -el estero de Limache atraviesa la ciudad-, abre
la posibilidad de proyectarlo adecuadamente para un uso más intensivo
(16).
Plazas de Representación.
En cuanto a los espacios verdes
Plazas de Representación, de localización habitualmente central (Plazas
de Armas, plazas asociadas a centros cívicos, monumentos, etc.) y
que se caracterizan por un formalismo ornamentalista evidente, ellos
cumplen en teoría con objetivos de embellecimiento del paisaje urbano,
realce de edificios, entre otros, y colaboran a la legibilidad del
espacio urbano. Son encontrados en los centros urbanos de Quillota
en localizaciones diversas -no sólo centrales- y en tamaños muy variables
(17).
Lo que ocurre en este caso,
es que diversas plazas de barrio y aun de vecindad, han sido diseñadas
conforme a la imagen de la plaza de representación principal, con
lo cual observamos que espacios que debieran estar más adecuados a
las necesidades cotidianas de juego y recreación-expansión de niños
y adultos en los barrios, se presentan con el referido formalismo
que resulta en extremo limitante.
Allí, la existencia de la mayor
parte de la superficie dedicada a parterres con césped ornamental
-o flores, más excepcionalmente-, se traduce en prohibiciones expresas
de jugar o caminar en ellos, quedando el resto de la superficie dedicada
sólo a las terrizas de circulación, eventualmente con asientos, y
no siempre con sombra. Nos parece así que hay una suerte de confusión
entre el concepto de espacio verde de representación y de recreación-expansión
propiamente tal.
En cuanto a los árboles en
este tipo de plazas, se caracterizan, en general, por ser valiosas
especies de gran formato imponiéndo su caracter al conjunto. No obstante,
en gran cantidad de ellos se presentan soportes de cablerías de iluminación
festiva, basadas en series de ampolletas, clavados en el tronco o
ramas del árbol, o amarrados con alambres, produciendo heridas o rozaduras
que dificultan el desarrollo del ejemplar.
Plazuelas Vecinales.
En lo referido a Plazuelas
Vecinales en el barrio, por definición deberían ser "recintos
cercados y vigilados de juego" (Juegos Infantiles Vecinales),
dedicados a los niños de 3 a 6 años aproximadamente, de interés a
la vecindad inmediata (18).
Con acceso, en lo posible sin cruzar calles de tránsito intenso (19).
El niño indefenso debe ser vigilado y protegido, limitando su radio
de acción. Estos espacios debieran tener como mínimo 140 m2 de superficie
según diversos estudios (20).
Se presentan en la provincia
de Quillota como plazuelas vecinales, sin cerramiento ni vallas, en
las siguientes situaciones:
descampados de tierra, dispuestos
generalmente en esquinas de manzanas con vivienda en extensión, sirviendo
sólo de atajo a la circulación peatonal; terrizas con un pedestal
para asta como único equipamiento; descampados de tierra utilizados
para estacionamiento de vehículos especialmente en poblaciones con
el tipo arquitectónico de bloques de habitación aislados, ubicados
entre dichos bloques; terriza conteniendo sólo dos o tres juegos de
niños parcialmente destruídos, en ocasiones con sección ocupada en
estacionamiento de taxis; espacio con árbol (s) singular, asiento
(s) y elemento (s) de juego en diversos estados, muchas veces incompletos
o inutilizados, asta en pedestal, sobre terriza no siempre bien mantenida,
bacheada bajo columpios y encharcada luego de las lluvias, lo que
imposibilita el uso intensivo.
Excepcionalmente encontramos
plazuelas vecinales con césped, árboles, asientos y juegos en estado
aceptable de mantención. Prácticamente no se registran parterres de
flores en estas plazuelas, ni otros equipamientos (basureros, piletas
de arena, agua, etc.); suelen estar al centro de conjuntos habitacionales,
y al interior de condominios con edificaciones de uno y hasta cuatro
pisos, en buen estado de conservación.
Secciones Verdes en
el Perfil de Vías.
Estas secciones pueden constituir
plantaciones en alcorques individuales de aceras, en alcorques corridos
de aceras, en medianas de calzadas, en isletas ordenadoras de circulación
en calzadas, en andén central o lateral de vías para paseo de peatones
como parte de avenidas-jardines.
Generalmente se olvida que
todas estas plantaciones en el perfil de las vías tienen como primer
objetivo la regulación del microclima local, proporcionando sombra
y humedad, filtrando la luz, controlando las corrientes de aire, protegiendo
del ruido. Su segundo objetivo -no menos importante- es la ornamentación,
y en el caso de los paseos, también contribuyen a remarcar el itinerario
entre espacios verdes y/o equipamientos sociales.
Constatamos en terreno, especialmente
en zonas céntricas en la provincia de Quillota, plantaciones en alcorques
individuales de aceras de dimensión menor que el estándar mínimo deseable
(21);
todos los alcorques sin tapa, en diversos estados; discontinuidades
del arbolado por eliminación de algunos ejemplares (22).
Por otra parte, observamos
frecuentemente alcorques con la mitad de su superficie pavimentada,
disminuyendo por ello la posibilidad de aireación de la tierra y otros;
alcorques sin árbol, y empotrados en su lugar: soportes de señalización
de tránsito, letreros comerciales, relojes, cabinas telefónicas u
otros; eliminación de algunos alcorques y árboles por pavimentación,
lo cual impide replantar especies alternativas que podrían cumplir
las funciones paisajísticas y de regulación del microclima local,
sin generar otros problemas no deseados.
También observamos eliminación
de algunos alcorques individuales y sus árboles por construcción de
vados de acceso de vehículos a nuevos garages privados; combinación
de tramos con alcorques individuales con tramos de alcorque corrido
en diversas manzanas, semiplantados o no plantados, sin claridad de
objetivo y, por último, grupos de árboles en alcorque individual con
el tronco parcialmente enterrado por recrecido del suelo.
En cuanto a las plantaciones
en alcorque corrido de aceras, de anchos inadecuados variables (30
-120 cm.), constituyen la solución más frecuente encontrada en sitio
en diversos estados: sin arborización ni otras plantaciones, generando
polvo en el ambiente y constituyendo una característica negativa de
la actual imagen urbana; ocupados en estacionamiento de vehículos,
lo que contribuye a levantar el polvo, contaminando el ambiente; pavimentados
por algunos vecinos en tramos correspondientes al frente de sus casas,
desvirtuándose el objetivo original; arborizados total o parcialmente,
con árboles dispuestos en hileras con distancias muy variables entre
árboles de una misma especie: 3-4-5-6 m.
Excepcionalmente, observamos
acondicionamiento especial de terriza en alcorque corrido de acera,
por acción de los vecinos -vegetación arbustiva especialmente-, en
regular estado de conservación. Esta solución de plantación de arbustos
aparece en diversos puntos, aunque sin la intensidad deseable a la
estética y acción de regulación climática, representando una alternativa
a la plantación de árboles. No obstante, esta solución no proporciona
sombra, ni filtración de la luz y otros ventajosos en los recorridos
peatonales cotidianos.
Puntualmente, constatamos apropiación
indebida del espacio público en acera por parte de particulares, el
cual es cercado con verja, o pandereta, traspasándose así al uso privado.
Cabe destacar que, en un gran
porcentaje, los árboles de las calles de los centros poblados de la
provincia de Quillota presentan daños, afectando la multifuncionalidad
y presentación del árbol en diversos grados, a saber:
troncos lesionados, descortezados
y deformados por el roce de vehículos; troncos parcialmente amordazados
por el pavimento (este último termina levantado por las raíces) por
estrechez de alcorques corridos, en aceras; troncos totalmente amordazados
por el pavimento, el cual se encuentra luego reventado por el crecimiento
de las raíces; árboles mutilados por la poda incorrecta de las ramas
principales (se presenta esta situación aún cuando las vías donde
se encuentran no tengan tendido de cables eléctricos); árboles descabezados
cubiertos de chupones; árboles podados hasta el límite de su capacidad
de recuperación; árboles de los cuales sólo resta el tronco, o parte
del tronco; árboles que por el maltrato han degenerado, presentando
el tronco hueco. Además, falta de riego posiblemente también en los
primeros años de vida, y falta de control y cuidados fitosanitarios.
En lo referido a plantación
en medianas de calzadas, esta se da en vías estructurantes y constituyendo
un elemento interesante a la identidad urbana de los núcleos urbanos
mayores de la provincia de Quillota; de diversos anchos y longitudes,
y en diversos estados de tratamiento y mantención.
Cabe destacar también que los
árboles en estas medianas se encuentran en general, en relativo mejor
estado que los árboles de aceras.
Por otra parte, la vegetación
no se aprovecha en ciertos puntos críticos de la ciudad, para disminuir
el impacto de la polución por circulación de vehículos, ruido, polvo,
toda vez que hay conjuntos residenciales densos muy próximos a vías
de circulación intensa.
Adicionalmente, en algunas
calles e incluso avenidas con un perfil y potencial estético importante,
se aprecian crecientes cambios en los cerramientos originales, pasando
desde la verja a la pandereta, lo cual modifica drásticamente el paisaje
local.
En cuanto a las isletas ordenadoras
de circulación en calzadas, excepcionalmente presentan cubre suelos,
observándose allí letreros de señalización de tránsito, báculos modernos
de iluminación y otros que, cuando se mezclan además con monolitos
diversos de representación (bienvenida a la ciudad, etc) acaban por
anularse unos a otros, cuando no bloquean la necesaria visibilidad.
3. Reflexiones
La unidad Parques de
Niños y Adultos en el seno de los barrios.
En el contexto actual, donde
las madres permanecen menos horas que antes ejerciendo su labor de
tutoría cotidiana de los niños, no disponiendo además de suficientes
recursos y facilidades asociadas al transporte para trasladarse diariamente
a las localizaciones distantes de los grandes parques comunales, y
donde, por otra parte, se va configurando un grupo relevante de población
de menor movilidad individual (23),
que suma ancianos, niños y minusválidos, pensamos que la oferta de
espacios públicos en el seno de los barrios debe diversificarse en
la provincia de Quillota.
En el grupo referido, los adultos
mayores duplicarán su representación en la composición de la población
en el próximo futuro en Chile. Por ello, deben crearse las condiciones
ambientales más adecuadas para que los vecinos que disponen de menos
recursos, menos movilidad y más tiempo libre dispongan de los lugares
públicos de estancia y recreación cotidiana en la localización y con
las características que corresponde, en el ámbito de los barrios.
Para estas personas, la compañía
de otros para desplazarse a los grandes parques comunales es una necesidad
-no sólo para facilidades de traslado, sino también para su seguridad-.
Dicha compañía, se volvería un imposible si se trata de satisfacer
en ellos la necesidad de recreación cotidiana.
En efecto, los Parques Comunales
-cuyo radio de acción alcanza una cifra máxima aceptable del orden
de 6 Km. (24)
-, en el caso de los centros urbanos de Quillota difícilmente serán
visitados por los habitantes del grupo referido y sus acompañantes,
más de una vez por semana -fines de semana-, en el mejor de los casos.
Por lo demás, durante la semana, la falta de animación formal y de
policía de estos grandes espacios, hará que ellos sean peligrosos.
Los miembros del grupo referido
no se propondrán dirigirse cotidianamente a distancias mayores de
10-15 minutos de marcha a pie como máximo, para pasear, jugar -se
observará que los adultos también juegan si se da respuesta a esta
necesidad-, ver otra gente, tomar aire, alejarse momentáneamente de
las tensiones de diversos tipos, y muchas veces crecientes, del grupo
familiar.
Por otra parte, las superficies
verdes requeridas por Ordenanza, al organizarse en su totalidad a
escala de vecindad, y por ello, en unidades de pequeña dimensión cuya
funcionalidad sólo puede estar dirigida así a los infantes (juegos
de niños pequeños), no satisfarán al resto de los miembros del grupo
de menor movilidad señalado, y tampoco a los adolescentes y adultos
jóvenes que también requieren recreación cotidiana en el seno de su
barrio.
Por lo demás, su gran dispersión,
y muchas veces un inadecuado emplazamiento en el conjunto habitacional,
hace muy difícil su ciudado y mantención, con lo cual nos encontramos
con que -en su gran mayoría- se presentan en sitio como terrizas sin
mayor habilitación, o con sus mínimos equipamientos semidestruídos.
Concluímos así, en esta primera
aproximación, que la necesidad de la unidad Parque de Niños y Adultos
en el Barrio, de tamaño y dispersión media (25)-
ya anunciada en los visionarios años 1950s, se configura como una
tarea prioritaria e insoslayable hoy(26).
Constatamos la inexistencia
de este escalón intermedio en las áreas urbanas de la provincia de
Quillota, que creemos muy necesario e indispensable no sólo por las
razones expuestas de accesibilidad cotidiana, sino también por su
multifuncionalidad en el ámbito del barrio: lugar de estancia y recreación,
"isla de confort" para la regulación del microclima local
(27),
aporte a la imagen urbana del barrio, aporte a la legibilidad del
espacio urbano. Debe destacarse además que la presencia de residentes
organizados en densidades medias a altas en su entorno, contribuirá
a su cuidado. Por otra parte, su tamaño y dispersión media, facilitarán
también su cuidado y mantención (28).
Situado como escalón jerárquico
intermedio entre los Parques Urbano Comunales, y los espacios verdes
vecinales, el Parque de Niños y Adultos en el Barrio , debiera acoger
diariamente especialmente a los niños entre 7 y 15 años (29)
y también a los adultos en los momentos libres, especialmente al atardecer.
Desde los 7 años, el niño extiende
su campo de acción y sus capacidades físicas, debiendo compensarse
la inmovilidad y la tensión nerviosa que genera la escuela, mediante
la práctica de patinaje, juegos de pelota, salto con cuerda, bicicleta,
y otros, en formas de uso espontáneo. También es la edad en que se
desarrollan las facultades intelectuales: comprensión, juicio, abstracción,
y los juegos tienen un caracter más creativo que en la edad precedente,
sea individualmente o en grupo.
Las unidades espaciales deben
tener fácil acceso, en ellas se trata de salvar todos los peligros
de la ciudad. Se incorporará de todas formas, un espacio para Juegos
Infantiles, con sus columpios, balancines, pileta de arena, cerco
de protección del juego abrupto de los niños sobre 7 años a los que
privilegia este parque, y asientos para acompañantes, para atender
así a los hermanos menores. Para el adulto que conduce al parque a
dos o más niños de diferentes grupos de edad, no resultaría práctico
distribuirlos en distintos emplazamientos en el barrio.
En cuanto a todos los habitantes
mayores de 15 años, ellos concurrirán al parque de barrio en los momentos
libres que deja el estudio y el trabajo. Para el grupo de 16 a 20
años aproximadamente, la emancipación del medio familiar va creciendo
y los adolescentes gustarán de encontrar a otros adultos fuera del
hogar. La necesidad de permanecer al aire libre (idealmente en contextos
de aire no contaminado) se vuelve extremadamente importante, pues
una gran parte de su tiempo estarán en atmósferas pobres en oxígeno
(escuelas, oficinas, talleres, transportes colectivos, locales de
reunión y otros). En esta edad la necesidad de afirmar y de expresar
la personalidad adquiere la mayor intensidad, lo que muchas veces
se manifiesta en bandas cuya actividad puede ser especialmente nociva
para la colectividad.
Se estima que el verdadero
equipamiento al aire libre de los adolescentes es el espacio llano
para la estancia, el juego, establecido sobre superficies verdes o
bien en terrazas, playas de arena, explanadas-paseos, ágoras.
Por otra parte, los adultos
deben encontrar en los Parques de Niños y Adultos en el Barrio, esparcimiento
activo, físico y mental, a la vez que agrado y tranquilidad, para
una permanencia de una hora y media como promedio. Es necesario tener
presente que la acogida de actividades deportivas en estos parques
de barrio no se refiere a deportes competitivos programados, sino
a prácticas libres, tales como "pichangas", y otros.
En contraste con el Parque
Urbano Comunal, las superficies plantadas en estos parques de escala
de barrio, ocuparán un porcentaje menor de la extensión total, en
beneficio de las áreas de juego y otras de libre acceso, sin olvidarse
por ello la necesidad de establecer lugares de calma y descanso en
un marco de vegetación adecuado que tendrá suficiente densidad como
para crear un "pulmón verde", una "isla de confort"
en beneficio del barrio.
Por la utilización intensiva
de estos Parques de Niños y Adultos en el Barrio, debe tenerse especial
cuidado en el tratamiento del diseño para efectos de protección del
viento, sol, y también de la lluvia al menos puntualmente, para extender
al máximo la permanencia de todos, y en especial de los habitantes
con menor movilidad.
Esta última condición debe
tenerse presente también para evitar excesivos desniveles, pendientes
y otros que no facilitan el uso del espacio. Los ancianos encontrarán
aquí espacios-remanso, para permanencia en tranquilidad en un marco
vegetal diversificado (30),
que a la vez están próximos a las áreas de animación constituídas
por las zonas de juego acogidas por el parque.
Idealmente, estos parques debieran
consultar también servicios higiénicos para una efectiva mayor permanencia
de los adultos mayores y los niños que los requieren más frecuentemente.
Es importante que las circulaciones cotidianas de los habitantes a
su trabajo, al mercado o a la escuela, atraviesen estos parques de
barrio, para su mejor animación, control, disfrute y uso intensivo
que deben tener.
Con un tamaño entre 2 Hás.
como mínimo y 12 Hás. como máximo, su profundidad en cualquier dirección
no debe ser inferior a 60 m, para una utilización intensiva, en un
radio de 800 a 1.200 m. de distancia (10-15 minutos de marcha a pie
como máximo) (31).
El espacio de expansión
privado en conjuntos residenciales de interés social.
En el caso de los conjuntos
residenciales de interés social, la disminución extrema de la superficie
de los predios y su colmatación casi total con construcciones adicionales
casi permanentes, hace desaparecer el espacio intersticial privado
de expansión, por lo cual los espacios verdes vecinales públicos en
proximidad parecen imperativos. Nótese que en este esquema, se está
traspasando en la práctica la plantación y mantención de los espacios
verdes en un 100% al ámbito del espacio público.
Si en el caso de la vivienda
individual de interés social, los predios fueran algo mayores, el
privado, aun en condiciones de escasos recursos, generaría plantación
de vegetales bajo su protección, para su expansión, y con efectos
positivos para el microclima vecinal, y la economía comunal.
En efecto, la realidad muestra
que en terrenos no tan pequeños, los vecinos obtienen resultados notables
en el manejo que hacen de la vegetación, especialmente en climas secos
y calurosos, mejorando la calidad ambiental del espacio por modesto
que sea (32).
Siguiendo la tradición popular
en el manejo de plantas, los vecinos consiguen formar techos vegetales
junto e incluso sobre sus viviendas, compartimentando y embelleciendo
el espacio inmediato de ellas con árboles de crecimiento rápido, con
emparronados, con cortinas de plantas trepadoras, y macetas con flores.
La masa vegetal conseguida atenúa las temperaturas ambientales y la
luz intensa, configura extensiones exteriores a las viviendas que
tienen uso intenso, y compensa la falta de comodidad y aislamiento
visual y térmico de ellas.
Cabe destacar que el espacio
público verde del hábitat residencial de menores ingresos, estaría
siendo más valorado hoy por su belleza eventual, que por su función
de esparcimiento, pues normalmente no está adecuadamente diseñado,
y su superficie y localización están determinados sólo en relación
a las necesidades de los infantes (3 a 6 años), no existiendo espacios
para el resto de los grupos de la población.
La imposibilidad de dar policía
y mantenimiento a este tipo de espacios (tamaño menor, pero máxima
dispersión), significa poca capacidad de permanencia del patrimonio
vegetal y mobiliario urbano dispuesto, e inseguridad en ellos. Estas
poblaciones registran una mayor permanencia al interior de las viviendas
-las que, como ya se ha dicho, no tienen en la práctica espacios de
expansión privados por las razones señaladas-, todo lo cual se traduce
en un aumento de la tensión del grupo familiar (33).
El escalón de espacios verdes
siguiente, el Parque de Niños y Adultos en el Barrio, ofrecería más
facilidades de policía y mantenimiento, y también mayor animación
y autocontrol en razón de adecuadas regulaciones en el espacio privado
de su contorno.
Se observará que la existencia
de espacios verdes privados en las viviendas en predios de 300 m2
y más, con 50% de cobertura como máximo como referencia general, podría
eventualmente significar la supresión parcial -en este tipo de barrios-
de los micro espacios verdes públicos para infantes próximos a las
viviendas, con la consecuente posibilidad de utilización alternativa
de la superficie liberada -exigible en otro sitio dispuesto para tales
fines-, para la configuración de los parques de tamaño medio a escala
del barrio, o conjunto de barrios.
¿Del pareo continuo
tradicional a la "pandereta continua" ?
El establecimiento de ordenanzas
locales que hoy permiten pasar desde el tipo de construcción tradicional
de pareo continuo a la vivienda aislada con antejardín -también en
los cascos urbanos antiguos de la provincia- está significando una
modificación de la imagen urbana tradicional. Como aspecto negativo,
puede decirse que se desestima la opción de reinstauración del pareo
continuo en forma contemporánea, y, como aspecto aparentemente positivo,
puede señalarse que el privado asume la labor y los costos de la vegetación
en su antejardín colaborando con la regulación del microclima. Esto
no es despreciable, habida cuenta del estado deplorable de mantención
del patrimonio vegetal en el espacio público, sin olvidar las implicancias
de la sequedad del clima en la provincia estudiada.
Toda vez que los jardines privados
se mantienen muy bien cuidados, su visión desde el espacio público
podría considerarse un aporte al disfrute colectivo. No obstante,
queda en evidencia que medidas tendientes a lograr una mayor seguridad
en el espacio privado, van incrementando la presencia de cerramientos
totales de los predios restando como aporte sólo el efecto positivo
de la vegetación en el microclima local. Se va pasando así desde edificaciones
ordenadas en pareo continuo tradicional (34),
a "panderetas continuas", donde el particular desatiende
los objetivos asociados al paisaje intermedio de su ciudad.
Frente a los espacios verdes
privados bien cuidados se aprecia, frecuentemente, una desatención
total del propietario por el cuidado de la vegetación en los alcorques
individuales o corridos en el espacio público frente a su vivienda.
Y, adicionalmente, como los alcorques de origen están muchas veces
junto a la línea de calzada y no junto a la línea oficial, su vegetación
-cuando existe- tampoco se beneficia del riego próximo -muchas veces
excesivo- del espacio verde privado.
Canales de regadío
y acción positiva para la integración urbana de múltiples funciones.
Los canales de regadío existentes
en las áreas urbanas de la provincia de Quillota, constituyen cauces
asociados a actividades rurales que están vivas y desarrollándose
con creciente éxito.
Sin embargo, la situación de
ellos en el tramo ubicado al interior de las ciudades y pueblos resulta
más bien ajena a la funcionalidad urbana, y perjudicial toda vez que
su paso significa cortes en el tejido urbano, siendo evidente además
para la población, su efecto negativo sobre la salubridad pública.
Una acción positiva sobre el
sistema de canales es posible, no obstante, y podría llegar a constituir
el soporte de una política pública con efecto de marketing urbano.
Así lo han comprendido las autoridades, técnicos y habitantes en muchas
ciudades del mundo, dando lugar a aperturas de riberas ofreciendo
un lugar apropiado al desarrollo de diversas actividades de interés
colectivo: senderos peatonales, ciclovías, vías vehiculares de interés
local, itinerarios entre parques y áreas deportivas, recreación diaria
en áreas verdes adjuntas, y aún actividades culturales y comerciales,
si la zona de paso del canal es el centro. Aún en ciudades donde los
canales han sido entubados en otras épocas, hoy se descubren las aguas
para su paso a cielo abierto y adecuación a algunas de las actividades
mencionadas (35).
Si bien en ciertos tramos de
diversos sectores pudiera ser conveniente entubar los canales, hoy
no se recomienda desarrollar esta opción, por cuanto con ello se bajará
la napa freática, que en estas condiciones no alimentará más la vegetación
de crecimiento espontáneo localizada en sus bordes.Los canales de
regadío de las áreas urbanas de la provincia de Quillota, discurren
además, como en tantas ciudades de Chile, por una trama urbana que
suele darles la espalda.
Una acción positiva sobre estos
canales, donde ciudad y canal se valoricen mutuamente, dará lugar
a nuevos espacios, a nuevas intervenciones arquitectónicas y urbanísticas
en torno a canales renovados, demostrando que es posible lograr simultáneamente
las funciones de alimentación de agua; saneamiento y seguridad pública;
mantención de microclimas húmedos para el autodesarrollo de vegetales
y frescura del clima; desarrollo paisajístico concertando el paisaje
artificial con el natural, y continuidad en las redes de circulación
peatonal y vehicular. En estas circunstancias, apreciamos que es posible
dar una verdadera función social a los canales.
Las ciudades y pueblos de la
provincia tienen aun la posibilidad de valorizar este recurso, enriqueciendo,
además, las relaciones de vecindad y de barrios.
Control de microclima
en zonas céntricas.
Observamos en provincia de
Quillota que, toda vez que la ordenanza local establece zonas céntricas
con 100% de índice de cobertura de edificación, el rol de la vegetación
plantada en sección de vías para efectos de control del microclima
local será allí esencial a la mejor calidad de vida. Sin embargo,
mientras por una parte se transfiere al espacio público el 100% de
la plantación para efectos de la regulación del microclima local,
por otra, las podas -siempre de responsabilidad municipal aunque se
delegue la tarea- significan, bajo el esquema habitual de podas casi
mutilantes, la destrucción del recurso con el consiguiente daño a
la economía local.
Adicionalmente, con la poda
de árboles para favorecer la visibilidad de los letreros comerciales,
se resta confort a los peatones para efectos de "vitrinear"
con sombra, frescura y luz solar filtrada, disminuyéndose así el tiempo
deseable para el cumplimiento de esta actividad, especialmente en
las estaciones más cálidas.
Reformulación del espacio
privado tradicional a base de manzana como unidad de composición.
En cuanto al espacio intersticial
central de las manzanas tradicionales en las zonas céntricas de la
provincia de Quillota, se observa en muchos casos plantaciones de
formato destacado en los diferentes predios, las que concurren a conformar
verdaderas islas verdes aportando a la regulación del microclima vecinal.
El valor patrimonial de ellas
amerita prever futuras acciones de reacondicionamiento o renovación
urbanos, mediante la definición de regulaciones que aseguren la incorporación
y permanencia de estas valiosas reservas verdes.
Esos espacios interiores podrían
satisfacer las exigencias de la Ordenanza General en muchos casos
en las ciudades de la provincia de Quillota, conformando espacios
verdes colectivos vecinales a base de la vegetación heredada. El máximo
aprovechamiento del suelo se verifica en estos casos mediante edificación
continua de borde, eventualmente en altura media, donde es posible
compatibilizar usos habitacionales de densidad interesante, con comercio,
servicio y talleres artesanales en planta baja exterior e interior.
Se observará que es posible generar con ello una red de circulaciones
peatonales alternativa a la calle, donde el peatón se sentirá más
confortable.
La experiencia internacional
muestra actualmente tanto en remodelaciones centrales como en las
extensiones periféricas, que se está planteando nuevamente la vigencia
de la ordenación cuya unidad de composición es la manzana y no el
edificio aislado. En Chile, esta proposición ha sido formulada hace
muchas décadas (36),
y exigirá también hoy una labor de gestión municipal, donde la asociatividad
entre vecinos resultará beneficiosa.
Conclusión
Ante el panorama general que
hemos sintetizado, y sin negar la importacia de las micro plazuelas
de vecindad (mínimo tamaño y máxima dispersión); de las plazas o plazuelas
de representación (pocas, de tamaños y localizaciones variables),
y de los parques comunales (máximo tamaño en una sola localización,
frecuentemente periférica en la provincia), observamos que, más allá
del estado en que se encuentran, la oferta que ellos hacen a los habitantes
urbanos -y rurales- de la provincia de Quillota como toda diversidad
de espacios de estancia y recreación, es insuficiente para satisfacer
las necesidades de la población actual, y en la perspectiva de la
evidencia de su evolución en términos de composición.
Podemos afirmar que se constata
la inexistencia de un sistema de espacios verdes funcionales públicos
propiamente tal en las áreas urbanas visitadas, concluyendo que dichas
áreas cuentan con un conjunto insuficiente, no coordinado ni jerarquizado,
mal diseñado, en muchos casos no habilitado ni debidamente mantenido
y explotado, de "espacios y elementos", donde destaca el
árbol, especialmente en sección de vías, como un ser sometido a un
proceso evidente de victimización (37).
Concluimos que es necesario
establecer una política de espacios verdes públicos democrática, culta
y austera en la provincia estudiada, en un marco de necesidades generales
de mayor cultura democrática y conciencia política en los niveles
locales de la administración en Chile.
Por último, el trabajo realizado
hasta ahora para efectos de esta investigación -coordinada con del
Programa de Normalización de Planes Reguladores de la Provincia de
Quillota- permite valorar los beneficios que podrían derivar de una
acción conjunta de las comunas -asociativismo (38)
- referida a sus espacios urbanos verdes para el cumplimiento de objetivos
de bienestar colectivo en las comunas quillotanas (39).